El estuche de las alas

Llegamos sobre el filo de la media noche a la estación de trenes de Seúl. Hacía pocas horas habíamos aterrizado en un vuelo procedente de Singapur y teníamos en la mano el mapa que nos mostraba cómo llegar al apartamento que habíamos rentado para nuestras vacaciones. Aunque las indicaciones precisaban que estábamos cerca del lugar, nuestros niños estaban agotados así que no podíamos perdernos, pero nuestro propio cansancio y la oscuridad no nos estaban ayudando.

Se nos acercó un taxista quien aprovechándose de la situación quizo cobrarnos una tarifa exorbitante para llevarnos. De repente, escuchamos una voz que en un castellano perfecto nos preguntó: ¿tienen algún problema?, el taxista huyó de la escena y quedamos en medio de la noche con este personaje misterioso que salió de la nada y que se ofreció a ayudarnos.

Era un coreano en sus treintas, vestido de traje oscuro de corbata y un morral en su espalda. Observó por unos segundos el mapa y nos dijo que estábamos a diez minutos caminando y que nos llevaría al lugar. En el recorrido nos contó que había estado en México aprendiendo español y que se sentía muy feliz de poderlo practicar después de tanto tiempo.

image

Le pedí que paráramos en una pequeña tienda porque necesitaba comprar comida para los niños. No sólo me ayudó a encontrar lo que necesitaba, también se ofreció a pagar la cuenta porque pensaba que aún no habíamos cambiado dinero; afortunadamente ya lo habíamos hecho.

Saliendo del almacén, mis hijos rendidos por el cansancio nos pidieron que los alzáramos, así que este hombre tomó nuestras pesadas maletas para que pudiéramos ocuparnos de ellos y las cargó por una pequeña calle cuesta arriba. Finalmente llegamos al lugar, y como el acceso era un poco confuso, llamó al propietario para que nos orientara. No se quiso ir sin asegurarse de que habíamos podido entrar.

Al despedirse, nos deseó una linda estancia en su país, me entregó su tarjeta y me dijo que no dudara en contactarlo si lo necesitaba. Desapareció en la oscuridad de la noche. Cuando leí la tarjeta una extraña sensación erizó mi piel. Se llamaba Samuel, como el arcángel, y seguramente ese morral en su espalda era el estuche de sus alas. 🌸

* LEER ESTE ARTÍCULO EN INGLÉS *

 

12 comentarios en “El estuche de las alas

  1. Querida amiga…que alegria y sabes Dios no te deja sola y como tu dices el sabe poner a tu lado angeles que te sacan de apuros y te cuidan..que bien lo ocurrido y sobre todo que estan felices..abrazo

    Le gusta a 1 persona

  2. Maravilloso mi Paty, así como ustedes han sido Ángeles para muchas personas, Dios los mantiene rodeados para protegerlos donde quiera que estén. Un abrazo queridos compadres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s